Opción B
Mi Tita fue una mujer feliz. Yo siempre la vi entera, independiente, hacía lo que le gustaba y tenía a sus amigas de toda la vida. Manejaba, iba y venía, vivía sola. Le gustaba tejer suéteres y era muy sencilla. Cocinaba para ella comida práctica y tomaba muchas vitaminas. Mi prima Alejandra me dijo un día: tu Tita es mi heroína, la vi manejando, me rebasó como si nada. A sus ochenta y tantos. Seguro iba a jugar canasta en la casa de alguna de sus amigas, jugó hasta el último día. Recuerdo que cada año que la visitaba faltaba una de ellas, se iban muriendo año con año. Un día me contó: ya se murió la señora Legarreta. La señora Legarreta era su gran y mejor amiga.
Mi Tita fue una mujer feliz, me heredó su sonrisa, la veo cuando me toman una fotografía riendo, la veo a ella y me veo a mí. Todas las noches veía su novela, antes de dormir, y era cuando me ponía a platicar con ella, me contaba sus historias, casi todas chistosas, nos reíamos. Un día me contó de cuando nadaba, antes de casarse, iba a Acapulco a nadar kilómetros en el mar y estuvo seleccionada para ir a los Panamericanos. Siempre supimos que no fue porque se casó. De niña pensaba que tal vez casarse era tan importante como para no ir a los Panamericanos. En la última navidad que pasamos juntas mi mamá le preguntó: señora, ¿y a poco nunca volvió a nadar?, ¿en el club o en algún lugar?
Mi Tita siguió jugando canasta, quedaban dos amigas vivas, a sus noventa. Ella no fue la última en morir, fue la penúltima. De niñas mi hermana y yo nos comíamos los dulces de la alacena: chocolates hershey de todos colores, campanitas plateadas, dulces duros con pasa adentro y las chocoretas, había otros que no recuerdo, pero siempre fueron los mismos. Eran para su canasta.
Mi Tita fue una mujer feliz, tuvo una vida cómoda, tuvo nanas que cuidaron de sus hijes, tuvo amigas y un esposo a su lado. Ella vivió más que mi Tito y enterró también a un hijo y a un nieto. Lo bueno fue que no tuvo que enterrar también a Ceci. Cuidó y quiso a todos sus hijes. Y nunca volvió a nadar. Ni en el club, ni en el mar, ni en ningún lugar.